Respecto al cuento "Corona sin brillo".
Lorenzo vive, sin dudas el eterno acertijo que condimenta el transcurso de caminar por la vida. Sucumbe a su amada, trastoca su amor. Prolonga su sangre. Conoce el dolor. Lorenzo se mira al espejo de su realidad indecifrable. Ese escenario inasible de reflejos que le permite mirar y ser mirado por el fantasma del dolor. Como el amor, Lorenzo escribe su historia en las páginas de un libro intangible. Las páginas de un mundo ilusorio, donde amar y ser amado se escriben con tinta indeleble a veces. Con el regusto amargo de lo efímero otras. Vayamos, nosotros, quizás a saber, si Lorenzo, como quien ama y es amado, como quien vela su amor, por ser soñado, como quien arde al vibrar, por ser pensado, no debió haber teñido su amor de pasajero. No debió haber disfrutado el trayecto, antes de suponerse perpetuado en la felicidad de su destino final. Vayamos, acaso, quizás a saber si Lorenzo no debió asumir que el amor, como la felicidad, tal vez sean atributos a los cuales no le cabe la perpetuidad.
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