Fuera de mí,
la que te llamas a ti misma, exiliada del amor...
Hunde en esos párpados suaves,
la mirada de tu mejor olvido, el mío.
Deja de aplastarme con las palabras más crueles,
desierto de silencio salvaje,
porque yo sé que ya no soy yo.
Y todos creen que no estoy,
por tus adioses sin misericordia,
por éste vulnerable corazón que se pierde entre tus fauces.
Y reconozco tus gestos que eran míos,
repetidos cual espejo, frente a los ojos de otros hombres,
y mi dolor simulando estar lejos de mí...
Y no duermo, sueño con vos ése sueño que despierta mi deseo
(el que te vuelve indiferente).
A pesar del mar que nace de mis ojos cada día, cada noche,
yo te sigo, y te abrazo en invisible,
yo me me muero, y resucito en cada beso...
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