Yo no soy una persona encontrada, soy una persona perdida.
PERO ATENCIÓN:
Estoy perdido en las curvas de mi mente, en el laberinto frío de mi cuerpo, en el hueco y el desierto, en el no poder más.
Estoy perdido en la sombra, en el corazón del silencio, soy el fantasma, el olvidado.
Empecemos por decir que para que alguien me encuentre, tengo que atinarme a mi mismo.
En el lugar preciso, en el tiempo exacto que me halle en mis ojos manifestados frente al espejo, llegará el día en que la invisible, la que se ocupa de irse, la que cava el agujero tangible de la ausencia, germinará con sus brazos grandes y elásticos para que yo descanse.
Yo ya no espero de mí mismo, yo ya no espero de ninguno que germine. Demasiado sin espera.
Sólo nací en este país donde observo cada día que alguien muere por deserción de las cosas que no pasan, de la gente que no acude a los encuentros. Sólo vine a este jardín estéril, donde la palabra germinar está cerrada de sentido. Sólo vine a mi nacimiento para decir adiós.
Yo soy una persona perdida. Todo es demasiado, ensimismado en mi pérdida inmortal.
Todo es demasiado, quizá tenga que irme de este país, de este jardín, de este nacimiento.
Todo ha sido demasiado. No es posible que me encuentre, porque yo ya me estoy yendo.
Por favor, no pienses que me lamento por lo perdido, me lamento por lo que no encontré. Lo lamento porque me encontró y huí despavorido por perderlo. Me lamento por lo irrecuperable del tiempo transcurrido, del no poder volver atrás, de no poder detener esa fracción de segundo y convertirla en eternidad...
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