Es la dulce unión de los cuerpos que se enredan,
en el lugar más puro y más opaco.
Descender a un infierno de instrumentos rotos, y llegar a la corte etérea del fuego progresivo.
Siendo dos, volverse uno, ver la flor abriéndose en mi mente.
Y cuando se termina,
volver a ser dos, y extrañarte...
Extrañarte sonriendo, porque estás en mi almohada,
en los raros instantes de un día compartido.
Tu voz despertó mi impetuosa memoria.
Aquí está el imperceptible salvaje,
dándole una significación a la luz extraña de la noche sólo mía...
... a lo que no se ve, sino que se oye,
y ni siquiera lo digo porque todo en mí se dice con el cuerpo.
Cuando deje de escribir adentro de estas paredes,
encontrarás mi enunciado...
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