No veo desde que nació la noche negra
cuando su cuerpo abandonó este cuarto;
oía sus pasos apurados marcando el ritmo de mi lamento
pasos del que no viene porque desertó su presencia
sigo ligado a sus pasos oscuros
al oscuro rostro
que represento con mi palabra desolada...
Hoy la noche me encuentra nuevamente escribiendo
para acompañar la soledad.
Me hablas como el que soy.
Tenemos la sed de las palabras...
Nos cerramos en conversaciones
alrededor de nuestra medianoche.
Al filo de las palabras, como una trampa.
Escribo los poemas que nunca invento
porque ya estaban aquí, escritos en mi corazón...
Las palabras brotan
de la claridad de esta noche cerrada.
Noche sin caricias, de pájaros crueles.
Noche de certeza, de futuro perdido.
La noche devora mis ojos, me abruma en el abismo,
registra infinitamente el misterio.
Adios historia de amor, perdida,
quemaste el corazón, de este que soy yo.
No hay más que melancólico vacío
en la historia de mi vida.
Todos me asesinaron.
Todos mataron mi fuego.
Todos devoraron, mi infinita sombra...
Estaba tratando, confundido en mi silencio.
Vagaba mi sombra, en el único sueño
hecho de fuego, hecho poema.
Y el dolor de mis huesos,
y esta desolación,
y este mar oscuro que vibra en mi mirada,
como vértigo.
Cerré los ojos mientras te veía...
Y hablé.
Y dije: Esto que das no me sirve.
Mentí, y me fuí sin irme.
Ahora sólo se gritar en el jardín
donde alguien callaba por culpa de alguien que se fué,
de algo que no pasó.
Alguien que callaba era yo...
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