Viernes de noche. Las diez o más.
Acabo de darme cuenta que tengo once llamadas perdidas en el teléfono pero no uso identificador de llamadas. No sos vos, pero me hubiera gustado...
Hoy me ensombrecí de pronto, me nublé como este día porque quería tu abrazo. Sólo eso, un gesto pequeño que me salve de esta soledad perfecta. Estabas en otra. Yo veo en silencio...
Me quedo en casa, no quiero estar con nadie. Soy libre, como decís, libre en un sentido tan amplio... pero no puedo, pero no quiero otros besos ni otros cuerpos que no tengan tu perfume acariciante. No soy libre de mí, de mis pasiones. No soy libre de Federico, exigente e implacable, que me mira en el espejo. No soy libre, soy el esclavo vulnerable de este deseo intensamente subversivo.
Cuando escribo encuentro el lugar donde todo sucede, todo acto profundo. Me lees?. Al menos decime: no me interesa. Ni me escribas más. Pedime. Así puedo pedirte yo.
Quiero pedirte besos...
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