Cada noche de cada día pienso que alguna vez volveré a esa ciudad, la ciudad que guarda mi futuro. De niño comencé a pensarlo, y a imaginarlo; y creció tan grande como el universo. Ahora que la ví, ya no tengo jardín prohíbido.
Yo soy el viajero que espera llegar a destino para recomenzar su vida, para ver crecer a su hija, a los hijos que vendrán, para ser feliz en el abrazo eterno de una mujer, para llegar a viejo junto a ella, para terminar con la muerte, con una sonrisa en su rostro. Sabiendo que logró ser feliz, y logró hacer feliz.
Aunque nadie crea que pueda irme sin quedarme, que puedo soñar sin hablar de catastróficos dolores, que sólo vivo de la ausencia y del vuelo de los buitres del corazón. Aunque nadie lo crea, yo estoy más vivo que muchos que deambulan por las calles correctamente y que en el fondo de los ojos revelan sus aullidos de lobo.
Mi mochila está liviana... y aunque el amor hoy no me espere, y aunque deje atrás innumerables funerales, sé que voy a volver para quedarme...
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