Este poema me lo regaló una amiga que me conoce muy bien y sabe perfectamente que es aquello que me tiene tan angustiado, que me hace sentír tan vacio, a la deriva, y triste. Gracias, Coti.
Tengo las manos atadas
con un rizo de tu pelo.
Siento cada vez más ajustada
tu soga en mi cuello,
me quiebra la garganta,
frustra todo mi esmero
de desplegar mis alas
e irme volando lejos.
Pero un instante de tu mirada
me cubre de redes el cielo,
mi vuelo cae en picada
y acabo siempre en el suelo.
Porque esto nunca se acaba
y sigo siendo tu prisionero.
Soy rehén de tus palabras
de tu “te quiero, pero lejos”.
Y vos, hechicera de mi alma
jugando a ser mi titiritero...
Pero yo ya pierdo las ganas
de prestarme para tu juego.
Ya no me quedan más lágrimas
para alimentar tu ego.
En el segundo en que te distraigas
te destierro de mi pecho.
Y en la distancia, mi carcajada
te hará saber que no vuelvo...
Tags: Poema