Puedo ver las órbitas violentas
saltando en mi ventana.
Llueve.
Yo recuerdo al mar, círculo desbocado
que por una eternidad penetra en la arena
y se arrepiente en retirada.
Mi silencio despierta en el mal recuerdo,
y como un caracol, evoco la voz marina.
Mi silencio es el lobo hambriento
que espera devorarme.
Me desgarra con inventos impensables.
Me tritura con dientes de imágenes amorosas.
Me aniquila con los ojos del que sabe lo que fuí.
La palabra, como el mar, en retirada...
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