
El mal dolor me enciende.
Si hubiera un hacedor de vértigos
un extraño, transparente golpe de certeza...
Extraería la tristeza de la luz,
el azul de un grito en la noche,
el invierno, morador eterno de mis huesos.
Si hiciera bien en morir,
voluntariamente,
lloraría mi ausencia de tus cosas, hija mía.
Cuando se nace y se muere
se escucha una misma voz.
Escribo desde el silencio del mal dolor.
Un buen dolor nos parte al medio.
Nos obliga a confesar
ni bien aparecen los nombres.
Nos obliga a completar los huecos.
con materia verbal,
las palabras pesadas, preciosas.
Escuchar la voz sin pedir.
Los poseídos del silencio
perdimos el deseo.
Recién ha llegado
el aplastante sonido de la muerte...
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