No me importa nada que reconozcas la gracia del amor en un acercamiento a la escritura, en un casi poema hecho por un desviado de las letras.
A ESTROPAJO REGALADO.
- Son mediocres - manifesté en Combate de los Osos. Mientras ocho pozos daban la vuelta a su ubre.
Tapemos el apetito antes que el asesino del artista me lleve por atajos perjudiciales. Voy a estar en mi casa de orificios con mi oscuro cómplice, yo enroscado en mi lecho.
- La esencia es quizá un atisbo que cada uno percibe por sí mismo - confesó el cómplice.
(Puede ser)
- La angustia es impertinente - también me dijo.
Pequeño cómplice muere a destiempo. Sólo yo soy el vivo. Y todo lo que sale de adentro alumbra los objetos.
(Pequeño cómplice es orificio, angustia, muerte).
Acaso soy el único que volví de los muertos, de las sombras, de la noche intelectual?. (No sea que yo, de igual forma sea otro mediocre y las estatuas que reconozco tengan más talento que mi lenguaje, seguí Federico).
- Las lágrimas se vienen solas, sin cortejo complicado, sin prospecto, ni siquiera un llamado de anticipo - era yo.
- Poeta, poetiza tu poetría poéticamente - era pequeño cómplice.
A quién quiera entenderme: no necesito un carajo de tu entendimiento, porque la inexperiencia hace que comprendas mis voces tan del otro lado, que significan lo mismo.
FEDERICO: Cuando me vaya sin quedarme, me fuí.
PEQUEÑO CÓMPLICE: Cuando olvidemos tus palabras tañerán mágicamente.
(La idea es partír y no quedarse... Cerrar los ojos y no abrirlos, mientras los relojes siguen latiendo se olvidarán mis palabras, y entonces sonarán como la sombra de mi sombra).
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