Soy mortal. Todos (o casi todos) podemos ser perdonados... acaso, lo queremos?.
Al menos yo no hago nada para intentarlo. El estado de no-perdón tantas veces me hace sentir vivo. Entonces tendrá que ver con esta hermosa condición de mortal que sobrellevo. Si al final de cuentas, no quiero ser eterno. No quiero suplicar más. No quiero sentir dolor. No quiero pedir perdón.
No creo en el perdón divino. Sólo en el humano. Ni siquiera en una divinidad con la tarea de castigarme. No creo en el castigo divino, el castigo está acá, en esta vida. Más bien creo en el destino, aunque este podría tener un origen divino... no lo sé. Tampoco creo en otra tierra, en otra vida, más que en ésta.
Por más perdones humanos que consiga, no se puede evitar lo inevitable. Eso es lo que yo pienso, pero respeto lo que piensen los demás.
Sin embargo, hay cosas que no tienen perdón... no que yo lo quiera...
Cómo voy a pedir perdón por quererte tanto?.
Prefiero mi culpa de quererte, prefiero sentirme vivo cargando con eso, no me arrepiento de sentir así, Y tampoco creo en tu perdón, porque no tienes por qué perdonarme, amarte ya no es un pecado, ni un capricho, es una manera de vivir o de morir...
Tags: Reflexión