A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro, y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme...