
Cuando la noche murió en el glaciar unas manos jóvenes surgieron de las nubes, entraron en mi pecho y abrieron los cerrojos de las puertas para que la luz del día pusiese en fuga a la tiniebla. Ya no quiero seguir andando por los campos descifrando los misterios paganos de las piedras, sino solo descansar silencioso en el regazo fresco y matinal del páramo mirando con ojos infantiles las lágrimas gozosas que vertió la noche por haber dado a luz a un día tan hermoso...
Einar Bragi
Regn í maí, 1957
(Islandia)
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