No entendí, hasta ahora, por qué mis pasos tan firmes corrían sin rumbo aparente.
Y ahora comprendo que eran las huellas que trazabas, mientras me buscabas, las que yo seguía.
Hasta ahora mis manos acariciaban suaves texturas sin forma.
Tantas caricias he dado al manto que te cubría, que al fin el manto se deshace,
para dejarme contornear tu figura...
Mis labios pronunciaban un nombre que extrañamente resultaba familiar.
Pues, mucho antes de conocerte, mi corazón te llamaba a gritos,
intentando acercarte en cada eco.
Durante tanto tiempo mi alma habitaba este cuerpo donde no pertenecía.
Lo había tomado prestado para hacer de estos brazos, tu refugio:
de mis ojos, tu descanso; con mis manos, tus sueños...
Comprendo ahora que completas mis días, lo que mis pasos,
mis labios y mi alma, ya sabían desde el comienzo.
Comprendo ahora que fuí hecho para tu abrazo, para tus manos, para tus besos...
Tags: Poema