Somos un suspiro que dejó la paz flotando sobre los propios cuerpos,
luego de que el mar y la tempestad turbaron cada pensamiento.
Hoy ya somos parte del viento soltando todo lo que queda atrás.
Puedo perderme en tu mirar y morirme al tacto de tus dedos;
quiero llegar de tu mano al lugar donde se realizan los más sublimes sueños,
y un ángel como vos alza su vuelo para derramar sobre mí, felicidad...
Y ya no importa nada más porque lleno está de rosas el desierto.
Mis ojos nunca vieron nada igual al sol que te volvés en pleno invierno,
y alumbras cada espacio de este pueblo, donde habitaba mi alma en soledad.
Somos dos costillas del mismo par, somos un alma en dos cuerpos,
porque a tu lado hallé mi otra mitad; tu piel es de la mía el complemento,
y tu nombre, apenas el comienzo de este amor para la eternidad...
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