No hay placer como deslizar mi mano repasando el suave valle de tu cuello.
Pierdo el control al tacto de tus labios arrastrándose húmedos sobre mi pecho.
Mientras el filo de tu lengua va rodeando mis dedos como un dragón de fuego,
entre tu pelo viene ondulando la llama que incendia nuestros cuerpos.
Al más mínimo roce me desgarro, cada músculo intenta detener el tiempo.
Cuando oigo tu aliento entrecortado hundo en tu carne la yema de mis dedos,
yo me escabullo lentamente en el espacio entre tus piernas, temblando de deseo.
Cual volcán que está estallando la sangre hirviente se agita adentro
de estos dos cuerpos unidos, entrelazados, desvaneciéndose en un infierno.
Te invito en este rito descarnado a confesar los mas prohibidos pensamientos.
Quiero perder la conciencia entre tus brazos y que dejemos nuestra vida en este lecho...
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