Si tuviera que irme, dejar cosas atrás para ver nacer otros paisajes,
otras sensaciones... entonces, cada mañana volveré a alzar mi frente,
cuando el primer rayo de luz entre sin disculparse por la ventana que
dejé entreabierta.
Será ese día que repasaré la última lección y una vez más me aventuraré a descifrar lo que me espera del otro lado.
Llevaré solamente aquello que me sea imprescindible: un par de pupilas
lavadas para reconocer el rostro de la esperanza, dos brazos extendidos
por si al tropezar debo aferrarme a una mano amiga, un papel y una
botella para describir un horizonte nunca visto, una cicatriz en el
pecho que me recuerde que no tengo arrepentimientos, un par de oídos
para que el viento me susurre el camino, una sonrisa que no me deje
olvidar todo lo que tengo y lo que es mío aún sin llevármelo conmigo...
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