La última vez que escuché tu sonido, sonabas a mar. A fondo del mar.
Desde entonces ando por las noches, incompleto.
Quedé atrapado en mi red de atrapar estrellas, mirando el sol de frente hasta el olvido del sol.
Y sin embargo mi no descanso ha encontrado una razón de ser. Me falta el nido de tus abrazos en mis maremotos nocturnos. Necesito el estallido de nuestras tormentas. Es simple. Como el tictac del corazón.
Nada es una catástrofe. Las palabras se las lleva el viento, o el tiempo. Cuando te pienso mis células se dilatan, se alargan los puentes y la noche es de colores...
Late todavía audible el lenguaje formidable de tu risa. La vida sin límites. Todos mis gestos son tan frágiles, al borde. Caminando la cornisa del amor yo no te olvido según la dirección del viento.
En silencio, no es la noche lo que me hace falta, sinó tus besos. Mis labios con tus labios, confundidos.
No te vayas de mí, no te vayas de nosotros.
Es la primavera cada encuentro. Tengo miedo que ya hayan transcurrido las mil y una noches de mis días, y que alguien salga a asesinar mi sueño.
En el espejo veo a un hombre que sueña sueños dentro del espejo.
Soy feliz si me veo en el horizonte de tus miradas, de tus reflejos.
Soy triste en el vacío, tantos días esperando tu canción. Gran silencio ensordecedor.
¿Podrías resucitarme al mar? Doy un paso hacia delante y doy dos pasos hacia atrás. No sé como hacerlo. Estoy ardiendo. En mis oídos duerme tu voz. Escondo mi risa en un cajón oscuro. Dejé mi parte más bella muy lejos. E inventé un cataclismo de ganas de vos, para esperarte.
Nada me interesa hasta que regreses. Porque tus palabras suavizan el dolor...