viernes, 10 de septiembre de 2010

Cada encuentro es una fiesta, una pequeña primavera. Mil primaveras.
Un banquete de besos. Una sumisión de abrazos que exige una futilidad sin fin. Una dependencia inconfesable demasiado basta para ser dicha con palabras.
Poseído por el demonio del lenguaje trato de explicar lo que no puede ser expulsado de ésta herida. El pensamiento me arrastra como un alud que alimenta ésta llaga y no puedo rechazar. Si le impongo silencio a mi tormenta pierdo a este demonio. Y a sus plurales. Y el remedio se convierte en el veneno...
Ella no sabe que tengo el corazón abrumado. Corazón que es el reflejo de lo que resta de mí, y del espíritu que le ofrendo...


Publicado por al_sur_del_cielo @ 17:48  | Reflexiones
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Publicado por Nahuel
martes, 14 de septiembre de 2010 | 19:32

se te extraña hermano!!

me emocionan como siempre tus palabras