Domingo, 20 de julio de 2008
De pura ausencia me has dejado el corazón de ceniza.
No lo puedo acunar porque se deshace,
se vuela en pájaros grises.
No le puedo poner una coraza
porque se escapa en llantos azules.
 
Corazón que a veces ha sido una coraza.
Corazón que a veces ha sido un par de alas.
Corazón que se empecina y lucha... o tiembla y se entrega
como un puñadito de arena de una playa lejana.
Corazón que se entregó sin dudas cuando llegaste
con tus pasos seguros, que apresuró latidos y se metió por la puerta que abrías,
entró en tu cuerpo, se meció en la marea incesante de tu sangre,
nada lo detuvo, ni un pensamiento, ni una duda, ni una
minúscula desconfianza...
Corazón confiado... corazón entregado, al que no le tuviste piedad...
 
De pura ausencia me has dejado los ojos sin estrellas...
Miran viendo las cosas como si los colores no existieran
y el sol diera una luz envejecida.
Te buscan... No te ven...
Miles de interrogantes preguntan sin descanso dónde estás,
y tu ser es una sombra... y tu sombra es la sombra de algo que
no se ve, que ya partió, que no ha dejado huellas...
tu ser huyó de mis abrazos, se escapó de mis pupilas,
como si nunca hubiese sido una realidad, una presencia concreta...
Mis ojos, que brillaron iluminándote,  que recorrieron el mapa de
tu cuerpo, que aprendieron tu norte y tu sur, tus colores, tus líneas...
De pura ausencia me has enceguecido...
 
De pura ausencia me has dejado los pasos sin camino.
Me llevan de aquí para allá,
de un rincón a otro de la casa,
de una vereda de la calle a otra,
siempre inquietos, empujados por vientos que cambian de rotación a cada rato.
Doblas la esquina...
Entras por puertas que desaparecen...
Saltas a precipicios que cuando llego no existen...
 
Pero todo lo ocupas... TODO.
No sé lo que esto quiere decir para vos,
pero sé lo que significa para mí: TODO, ABSOLUTAMENTE TODO.
Que ocupas el cielo y el infierno de mi ser infinito.
Significa que a pesar de la angustia y la tristeza
del silencio como forma de respuesta,
mis células se asfixian con el veneno de tu desamor,
pero igual agonizan con esa escasa cuotita de oxígeno de una letra
esporádica o una efímera conversación cada tanto, cuando nos cruzamos
por casualidad y no puedes hacerte el que no me ves...
Eso me vuelve loca y me hace apretar los puños llenos de lágrimas.
¿Hubo una vez una cosa llamada felicidad?.
La necesito.
Es el antídoto y la resurrección.
                                                     
De pura ausencia me has dejado rondando tu recuerdo,
estatua de aire que trato de contener entre mis manos
para que no se disperse...
y corro, arrebatándola de todo...
 
Pero hasta te has confabulado con el recuerdo
para que el recuerdo se borre.
Huyendo, terco, siempre huyendo...
 
Mi voz es lo único que me dejó tu ausencia...
mi voz para llamarte y rodar detrás tuyo:
apenas voz... apenas lágrima...
Y la lágrima crece y se hace río.
Y el río se embravece.
Pero tu indiferencia lo convierte en piedra.
Y es una muralla, ahora de piedra, la que nos separa.
 
Jardinero de rosas trepadoras,
cosechador de pan que horneó mi aliento,
guardián de los luceros de mi sangre...
¿cómo es que me has dejado abierto el pecho,
sin protección, el corazón desnudo,
ni una puerta siquiera, ni una llave
para encerrarme en él, fuera del mundo?.
 
Ahora estoy desarmada,
sin fuerzas, sin defensas:
de pura ausencia me has dejado muerta...

Tags: Cuento

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