Domingo, 15 de marzo de 2009

Si empiezo desde acá hay una luz húmeda de barro o de piel de madera. Son los surcos que se dibujaron con las manos. No sé los colores,
quizá sean arrugas de la tierra. Una de naranja, otra de lima. La cerca se cayó... La canción de mis oídos de su boca. Cuando cierro los ojos está el río como una cascada de campanas. No de campanas, ni de vidrios, ni de alfileres.. De crujidos. Si, en las ramas del pino, que son cinco, cruje un tiempo de recuerdo, o de olvido. De dolor escondido un poco en la rama, la que sube y se enreda, se escapa hasta crecer más allá de la línea del cielo. Una casa resguarda a una mujer que desparrama ombligos. La cuna de bronce en la canción de un camino torcido. La canción chiquita resbala en las arterias, en los ojos, se inventa el sonido de los labios cerrados. Me limita las manos que limitan. Me sostiene en un poro. Acá estoy yo, pero un poco más acá. Si se anima a mirarme, tengo miedo. Si se asoma a mi risa, a mi dolor, a mi pared, a mi sol, a mi espalda. Si mira mis arrugas en V de la frente, y las cejas claras, y al fondo en la pupila... un puntito negro corredor inmenso...


Tags: Sin Tag

Publicado por al_sur_del_cielo @ 4:13
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios